98200000973

Hace rato no sentía ésta pena, esa que te hace llorar en público, que por más que te seques los ojos, las lágrimas se te salen por la nariz, de esa que te hace esconder la mirada porque llega a dar vergüenza sentir tanta y que se te note.

A veces siento que me equivoqué de carrera, que no sirvo para que la vida o la salud de otra persona -en parte- dependa de mi, que nunca voy aprender a poner la barrera entre sus problemas y los míos. Porque algo se me muere un poco cuando veo exámenes que muestran como la gente se va muriendo de a poco, como un abuelo sufre repetidas infecciones o incluso que una niña de 16 años esté embarazada.

Hoy a la muestra 973 se le diagnosticó una bacteria A, con sospechas de una bacteria B, se estudió como presunta bacteria A bajo el criterio del profesional. Pedí hacer la última prueba para demostrar que realmente era la bacteria B y claro, sí era. Sólo faltaban las pruebas confirmatorias, pero nadie quiso hacerlas porque nos habíamos sobrepasado en 15 minutos en el horario de salida. Me demoré tres minutos en ponerme mascarilla, guantes, pechera y realizar las pruebas pendientes. TRES MINUTOS que separan un buen diagnóstico de uno malo, un tratamiento correcto de uno que no lo es y que tiene como consecuencia el devolverle la salud o no a alguien.
Quizás sólo para mi era una niña de 7 años, pero para el resto de mis colegas era nada más que un código de barras terminado en 973.

Debería estar con la conciencia tranquila de que hice lo que creía correcto, pero eso no me quita la pena que siento de vivir en un mundo culiao tan penca.