¿Haz tenido alguna vez una fuente de inspiración?
Yo sí, hasta ahora sí. Incluso muchas y podría decir que he tenido de esas que son buenas y de las malas, de esas que te hacen crear cosas que al mirarlas son el fiel reflejo de tu motivación.
He tenido muchas, pero no simultaneas... o quizás sí, pero todo comenzó a girar tan rápido que terminé en un colapso creativo.
No es precisamente algo o alguien, es más bien un no-sé-qué que te obliga (sí, obliga) a expresarte de manera propia y creativa. (o algo así)
Hoy, que mi fuente inspirativa no me hace más que llorar y escribir cosas que al re-leerlas detenidamente solo dan ganas de nada más que querer golpearme la cabeza contra un gran bloque de cemento, he descubierto la palabra canalizar. ¡Sí, canalizar!
Sí ese no-sé-qué lo redireccionara hacía algo más allá de la expresión, si no que enfocado en la creación quizás podría sacar algo muy bueno de todo esto tan feo, y de esa forma quién sabe cómo-cuándo-dónde convertirme en la fuente de inspiración de no sé quién.