Dijo (con los ojos): ¿No vas a querer una foto tu también?
¿Para qué? Si tengo los mejores retratos en la retina. Aparte esa mirada mientras pasaban los segundos eternos que se mantuvieron juntas tu mano y la mía no la retrata ningún lente. Ninguno.
Fuego al fin, ritmo sagrado y borracho dios, equilibrados de la nariz cuando nos damos los dos... pareciera ser la única canción que sonó en toda la noche.