Por fin mis conocimientos se vieron reflejados en una nota, después de frustrarme todo el semestre. ¡Un 6.8! en el examen oral, (como dice Hidalgo) en ese momento sentí que era cuando la mala cuea dejaba de existir para darme la oportunidad de volver a creer en que las cosas pueden salir como yo quiero, o al menos no tan pencamente como suelen ocurrir.-
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